Psicoterapia - Cuando los atajos no alcanzan

Bienestar artificial, calma temporal

En estos tiempos en que lograr éxitos parece obligatorio, e incluso la felicidad se ha convertido en un imperativo –si no disfrutas permanentemente de la vida, eres un/a fracasado/a–,  también son tiempos en que frecuentemente nos sentirnos cansados/as, sobrepasados/as y agobiados/as. No es extraño entonces la amplia y variada oferta de productos y métodos, que ofrecen liberarnos sencilla y rápidamente de nuestros malestares subjetivos, sufrimientos, cansancios, y todo tipo obstáculos que impiden alcanzar la felicidad y el éxito.

 De ahí, el gran consumo de ese tipo productos;  desde las simples  bebidas energéticas que generan la ilusoria sensación de poder y control, tensando nuestras fuerzas para poder cumplir, rendir, producir, pasando por los libros de  autoayuda, que bajo  la misma consigna, “tu puedes” –ser exitoso/a, tener mejores relaciones, aceptarte, cambiar, ser feliz–, proponen múltiples métodos que  permitirían; “pensar en positivo, aumentar el bienestar emocional y físico, distender los conflictos, etc.”, y hasta los sofisticados psicofármacos, que adecuan el dormir, estabilizan el ánimo, mejoran el humor, atenúan ansiedades, etc. En definitiva consumimos muchos productos que calman,  alivian, o enmascaran,  los síntomas que señalan  nuestro malestar.

 A fin de cuentas, estos y otros productos nos ayudan a sobrellevar nuestras cotidianidades, nos proporcionan recreos o escapes imaginarios, endulzan de algún modo nuestras vidas, y además nos facilitan el auto-gobierno de nosotros mismos/as, para seguir respondiendo a las demandas de competencia, productividad y éxito.

Los malestares buscan otras formas de manifestarse

Pero ese bienestar artificial, esa calma temporal que a veces se alcanza, no logra acabar con nuestros malestares subjetivos, pues los síntomas insisten en reaparecer, a veces desplazados, otras disfrazados, pero siguen manifestándose. Pues los síntomas –cansancios, angustias, fobias, depresión, miedos, ansiedad, ideas obsesivas, etc.– son solo una señal, lo perceptible de un malestar profundo; son como la punta de un iceberg con su enorme cuerpo no visible sumergido en las profundidades de nuestro ser, oculto pero latente.

En general alguna noticia tenemos de aquello no evidente, y de ahí los «no quería  decir eso»,  “siento como una opresión y no sé por qué”, “esto no tiene sentido”, “no sé porque lo hice”, «siempre me pongo en las mismas dificultades”,  “no sé lo que quiero”, expresiones que muestran que algo intuimos, pero en general no pasa de eso.

Atreverse a superar los malestares

 Siempre me causa admiración quienes se atreven a explorar eso no evidente, aquellos que no se conforman con la administración de sus síntomas, los que arriesgan preguntarse.  Algunos de esos/as osados/as asumen procesos de psicoterapia psicoanalítica, cuestión nada simple, pues no es fácil ir donde un/a desconocido/a para hablar de miedos, dificultades, dolores, secretos. Seguramente muchos/as postergan la decisión, “luego pediré cita”, “cuando este más desocupado/a”,  pero un día ahí están, frente a la o el psicoterapeuta, con incertidumbre,  dudas y desconfianzas, pero dispuestos/as a iniciar un camino en donde necesariamente el protagonismo lo tendrán ellos/as mismos/as, en donde los consejos, las recetas,  los  métodos o pócimas mágicas, ya no cuentan. Poco a poco, sesión tras sesión, mediante la palabra y la relación con su psicoterapeuta,  construirán su propio camino de sanación, una obra difícil y desafiante.

Sanación, que ira más allá de la superación de los síntomas, pues la psicoterapia psicoanalítica permite superar obstáculos y barreras imaginarias, que impiden vivir más plenamente. No es que luego de los procesos de psicoterapia psicoanalítica seamos mejores personas, mas adaptadas, más productivas, más prudentes, se trata de que quienes se atreven con las verdades de su historia –proceso de psicoterapia psicoanalítica– generan condiciones de posibilidad, para cuestionar su destino, para derrotar las repeticiones, para rescribir su historia, en definitiva, para transformarse y comenzar a vivir más de acuerdo a sus deseos. Se trata de encontrar una mejor  forma de habitar el mundo, se trata de  la felicidad que cada quien sabe encontrar consigo mismo/a, pues cada quien “sabe”, y es labor de la o el psicoterapeuta promover y dar cuenta de la producción de ese saber.

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